31.7.06

Alan Badiou: Teatro y Filosofía La semana pasada empecé a tomar clases de actuación con Miguel Franchi, buscando un espacio donde recuperar la pasión que de niña me llevaba a pisar las tablas. Y hallando otro lugar donde el cuerpo comunica. En el cierre de mi primera clase, Miguel nos (se) preguntaba: ¿qué somos: el espejo o la mano que tira la piedra que rompe el espejo? Asocié aquel interrogante al texto de Alan Badiou, "Teatro y filosofía", que había leído unos días atrás. Ahí, el filósofo examina el vinculo tenso, paradójico, decisivo como oscuro que se da entre teatro y filosofía y se aproxima a las categorías por las cuales la filosofía, cuyo concepto central es la verdad, aprehende el arte en general y el teatro en particular. Según Badiou existen tres figuras canónicas de la comprensión filosofante del arte: 1- Didáctica: donde la verdad es exterior al arte, éste es apariencia y motivo de sospecha dado que hace tomar por verdad lo que solo es simulacro. Su potencia emotiva, aleja de los largos y penosos desvíos requeridos para la conquista de la “verdadera verdad”. A partir de allí la función de la filosofía es la de “vigilar el arte” con el fin de que al menos su temible eficacia permanezca al servicio de las verdades. La filosofía instruye una didáctica teatral por crítica y rectificación de los equívocos y de las imposturas. 2- Clásica: la verdad es exterior al arte, pero esa exterioridad es inocente ( Aristóteles). El arte teatral no aspira en modo alguno a la verdad y no es por lo tanto simulacro o impostura. Su función no es cognitiva es práctica: capta al sujeto en una operación de identificación y de transparencia por el cual él se proyecta y depone sus emociones; es terapéutica no propedéutica. Hay imitación con el fin de poner en conexión la transferencia. Esa imitación no tiene estructura de verdad simulada. Está bajo otra regla que es la de lo verosímil, no rivaliza por lo tanto con la filosofía ( que busca la verdad) sino que la acompaña por el apaciguamiento de las oscuridades y tensiones interiores. 3- Romántica: solo el arte es capaz de la verdad concreta. El arte es el descenso de la “idea” infinita en lo sensible. Descenso involuntario y doliente. El teatro es legitimado en relación con la abstracción del concepto de mezquindad con el mundo real. En el Siglo XX estas tres comprensivas circularon y se renovaron dentro de lo previsto pero no fueron reemplazadas: - Así, el Marxismo adoptó la figura didáctica, la de “el héroe positivo”, que significa que hay que hacerle saber al espectador el lugar subjetivo de lo verdadero. Incluso en Brecht, dice Badiou, hay una verdad exterior, el materialismo dialéctico. El teatro tiene por función la de volver visible la relación de los sujetos con esa verdad que el mundo inmediato oblitera. La dificultad de esta empresa grande es que obliga a la forma épica. Ahora bien, la forma èpica presupone que para que el espectador pueda seguir el espectáculo necesita un sistema de valores colectivo asumido, y se sabe, dice Badiou, que ese sistema de valores hoy es obsoleto. - El psicoanálisis sostiene la tesis clásica: el teatro es circulación del objeto de deseo, exhibición de los complejos familiares, drama exacerbado. El espectador está fijado en un agenciamiento imaginario en el que brilla y se eclipsa el objeto que lo constituye en su deseo. El teatro es una especie de cura psicoanalítica breve. De esta forma, dice Baiou, el teatro eclareció más al psicoanálisis que el psicoanálisis sirvió al teatro. Se asistió a una psicoligización sofisticada de la dramaturgia. ( Cita como ejemplos al teatro angloamericano a partir de O’neill y a Pinter). - Finalmente, es la hermenéutica alemana quien sostuvo la figura romántica Tendencia del teatro poema). A propósito de una cuarta relación: Inmanentista. Por suerte, Baiou, contenta con esta cuarta figura: “ el teatro no tiene la verdad fuera de sí mismo, no debe contentarse con una catarsis de las pasiones ni es absoluto que descendió en la finitud escénica. El teatro produce en sí mismo y por sí mismo un efecto de verdad singular, irreducible. Hay una verdad- teatro que no se da en ningún lugar que no sea el escenario". La singularidad del verdad- teatro es comprendida de manera puramente inmanente, allí, sobre el escenario, y en ningún otro lugar: un acontecimiento experimental cuasi político que amplifica nuestra situación en la historia. Si se sostiene esto se puede volver a la relación del teatro con la verdad, y por lo tanto con la filosofía. Una verdad (no existe la verdad, solo hay verdades) que es externa, singular y universal. El teatro presenta una maquinaria experimental, precaria y pública que: - presenta lo eterno en un instante. – Singulariza la relación con esta presentación ( el espectador es simpre único, precario, abolido) – amplifica su propio acontecimiento en una dirección colectiva, universal por derecho. Se dirá que el teatro hace verdad de las diferentes formas posibles de la relación colectiva con las verdades (no de las opiniones). ¿Cuáles son, entonces, las dificultades del teatro y del vínculo renovado entre teatro y filosofía? - Nuestro tiempo tiene el culto a la opinión, al sondeo; tiene como valor supremo “la libertad de opinión” (lo que provoca opinión en serie) no las verdades. - A nuestro tiempo le importa muy poco la eternidad. Está del lado del cálculo y el instante. - Nuestro tiempo tiene poco coraje. - Nuestro tiempo es poco propicio para la escritura del texto de teatro, el cual es: abierto, virtual, debe soportar infinidad de interpretaciones, exponer la eternidad de sus figuras a innumerables instantes, a composiciones temporales muy diversas. Un texto que soporta su exposición a encuentros tan multiformes debe estar dotado de una potente simplicidad. “El genio teatral está en el despeje de todo rasgo demasiado particular, en el recurso genérico de lo simple, que es también lo más difícil que se puede inventar. Pero nuestro tiempo no deja de pavonearse de complejidad, está apresado ciegamente en su maquinaria, que él considera sutil, mientras solo es mecánica. La complejidad del mundo contemporáneo es más bien la exterioridad del automatismo del capital. Atestigua la incapacidad para lo simple, el pensamiento cautivo de las opiniones cuya aparente diversidad es sólo la máscara de la impotencia. Dado que nuestro mundo tiene en los hechos la simplicidad desapercibida de un falso múltiple, está en el pensamiento siempre atestado por lo inútil. De allí una pendiente antiteatral, pseudocompleja, atípica, vagamente barroquizada para nada. Deseamos entonces, un teatro extremo y simple, que tipifique y resuma nuestro fárrago superficial. Deseamos la experiencia de textos radicales y eternos, como los de Beckett, los de Genet, los de Guyotat. Deseamos decirles a los que sueñan con poemas dramáticos: ¡osen escribir! ¡Osen simplificar y arriesgar el mundo! ¡osen mostrar los tipos eternamente expuestos al encuentro de una noche que nuestro tiempo, como todos los que lo precedieron, detenta en su pobreza visible!
Nuestras dificultades son también, como es todo lo real, la clave de nuestros deseos posibles.

20.7.06

Un nuevo Blog sobre Paisajismo.
La paisajista rosarina Raquel Garcia Ortuzar acaba de lanzarse a la blogesfera, con una reseña sobre el imaginario social entorno a los jardines ocurrido en diferentes épocas; muy interesante.
Con la ayuda en la producción de Fer Figheras, este Blog que lleva el nombre de Jardinería Madreselva resulta prometedor.

22.6.06

Parques temporales en medio del cemento
PARK(ing) es un proyecto de Rebar Group, que pretende entre otras cosas brindar un poco de tranquilidad a los transeúntes convirtiendo un espacio de estacionamiento en un pequeño parque temporal. Una de las preocupaciones que debe hacer frente el habitat humano urbano es a la falta de aire libre. La meta de Rebar Group es transformar un punto de un estacionamiento en un espacio del PARQUE (ing), ampliando el reino público y mejorando de tal modo temporalmente la calidad del habitat humano urbano. El Park(ing) es una mezcla de arte callejero y transformación urbana. Cualquier estacionamiento puede convertirse en un PARK(ing). Sólo hace falta un poco de césped artificial, algún banco y unos árboles instalados en maceteros. Este grupo invita a realizar nuestro propio parque urbano, y en su sitio web tienen publicado el manual con el procedimiento para realizarlo. Asimismo, invita a otros grupos que estén realizando la misma intervención urbana. Algunos que ya han respondido son un grupo de individuos que se animaron a replicar el PARQUE (ing) en la ciudad siciliana de Trapani. Conózcanlos a ellos también en http://www.renameyourfiles.com/parking/
Seda, de Alessandro Baricco. Seda es un cuento que parece una novela corta, es un libro para ser leído de corrido, sin prisa pero sin pausa, como dice el dicho. Es un tiempo para sumergirse entre los hilos suaves de los sentimientos que no se nombran, es un momento para redescubrir el poder de la mirada, lo no dicho con palabras, para viajar y recobrar la sutileza. La relación del personaje principal, Hervé Joncour, con la construcción de su jardín es un logro excelente. Alessandro Baricco se convirtió en un fenómeno literario mundial con la publicación del cuento Seda en 1996, traducido a diecisiete idiomas y que en España ya ha superado las 34 ediciones. Fragmento: “(...)Hervé Joncour estaba en el extremo opuesto del cuarto: era asediado por el perfume dulzón de las mujeres que estaban en torno a él y sonreía embarazado a los hombres que se divertían contándole historias que él no podía comprender. Mil veces buscó los ojos de ella, y mil veces ella encontró los suyos. Era una especie de danza triste, secreta e impotente. Hervé Joncour la bailó hasta muy tarde, después se levantó y dijo ago en francés para excusarse, se liberó de cualquier modo de una mujer que había decidido acompañarlo y, abriéndose campo entre nubes de humo y hombres que lo apostrofaban en aquella lengua incomprensible, se fue. Antes de salir del cuarto, miró una última vez hacia ella. Lo estaba mirando, con ojos perfectamente mudos, a siglos de distancia.(...)”.

19.6.06

Jardín Botánico Carlos Thays de la ciudad de Buenos Aires: Los jardines botánicos además de ser colecciones de plantas vivas, son instituciones que persiguen fines educativos y científicos dedicadas a estimular el avance y la difusión del conocimiento sobre los vegetales, propiciando su conservación. El Jardín Botánico de Buenos Aires se sitúa sobre la Avenida Santa Fe, próximo a los bosques de Palermo y el Jardín Zoológico. Crecen en él unas 8.000 especies de plantas de todas partes del mundo y comprende unas ocho manzanas de extensión. Creado por Carlos Thays en 1898, en él se encuentran representados los tres estilos adoptados en la arquitectura paisajista, el simétrico, el mixto y el pintoresco. Recrea el jardín romano, el francés y el oriental. Cuenta con áreas donde las plantas se ordenan de acuerdo a su origen, dentro de la cual se reserva una parte importante para la flora argentina y sectores sistemáticos donde los ejemplares se ordenan según la clasificación taxonómica. Entre las esculturas se destacan 'Los primeros Fríos', del catalán Blay y Fábregas; 'Sagunto', de Querol y Subirats; 'Figura de mujer', de la argentina Lola Mora y llama fuertemente la atención el grupo escultórico de Ernesto Biondi “Saturnalia”. Saturnalia, de Ernesto Biondi: Grupo escultórico realizado en bronce por el artista italiano Ernesto Biondi (1855-1917), cuyo original se encuentra en la Galería de Arte Moderno en Roma. Representa la Saturnal, una fiesta anual de los antiguos romanos en honor del Dios Saturno( dios de la siembra y la agricultura) que adquiría carácter de orgía desenfrenada. Se trata de diez personajes de la antigua Roma representando una escena orgiástica, con varios beodos en actitudes grotescas, durante una fiesta en homenaje al Dios Saturno, en determinados momentos en que se permitían excesos de todo tipo. La Saturnalia romana era una semana, del 17 al 23 de diciembre, de comilonas, borracheras y placer, en la que se invertía el orden social, y eran los amos esclavos, pues durante esa semana se abolía la distinción entre clases sociales, y el esclavo no sólo podía injuriar al amo, emborracharse, sentarse a la mesa con ellos, etc. , sino que era el amo quien servía al criado, y mientras el siervo no terminara de comer no se limpiaba la mesa para que comiera el amo.

4.1.06

Inscripción en la universidad Sofia de Tokyo: El primer hombre que salió de la animalidad fue el que se inclinó para tomar unas flores, para formar con ellas un ramo, porque comprendió la utilidad de lo inútil.