Las Pandemias y la Ciencia Ficción
Desde que
comenzó esta pandemia, más de une admitió
que la literatura muchas veces tuvo un carácter anticipatorio. Aparecieron
referencias a La peste, de Albert Camus; Farenheint 451 se convirtió en tendencia en Twitter,
el 20 de marzo en Argentina. Se sumaron ensayos y análisis de filmes desde King Kong a
la Naranja Mecánica. También, notas recomendando películas de virus y epidemias,
que la mayor empresa de streaming sabe utilizar para mantenernos conectados a su
pantalla.
“La obra de ficción es una pila radioactiva de
proyecciones-identificaciones”, decía Edgar Morín, en el Cine y el Hombre
imaginario. Y en esto, el género Ciencia Ficción, posee particularidades
privilegiadas en la configuración de identificar acontecimientos no ocurridos
pero que podrían ocurrir como así también de proyectar un mañana que en sus
escenarios se presentan apocalípticos, post apocalípticos y casi siempre distópicos.
Asimismo, otra
particularidad que hace interesante a las obras de Ciencia Ficción, más aún en
tiempos de Coronavirus, es su capacidad para elaborar fantasmas que siempre se
encuentran en relación con el contexto de su producción.
Si hacemos un
recorrido por Soy Leyenda, escrita por el genial Richard Matheson y publicada
en 1954, en pleno contexto de la Guerra Fría a las adaptaciones
cinematográficas que sufrió la obra en tres décadas diferentes podríamos
distinguir los miedos que sobrevolaron el cielo, al menos el estadunidense,
en cada una de ellas. Ya sea en las
causas que ocasionan el fin de la humanidad, la caracterización de su personaje
principal, el único hombre vivo que queda sobre la faz de la tierra y los
distintos finales.
Soy Leyenda hacia la pantalla grande

La primera
adaptación cinematográfica de Soy Leyenda, se realizó diez años después de la
publicación del libro. En un principio
el propio Matheson participó del guión, pero luego de que el mismo debiera ser
reescrito por presiones de la productora apareció en los títulos con un seudónimo. Bajo el título de “El último hombre vivo” tuvo
dos versiones, una italiana dirigida por Ubaldo Ragona y la norteamericana
protagonizada por Vincent Price. Aquí,
el virus proveniente de Europa y
viaja por el aire; pero el único hombre vivo que ha quedado, es un hombre de
ciencia, con una fe incondicional en ella, que ya estaba investigando los orígenes de la pandemia y que finalmente
logra con su sangre salvar a la humanidad.
En 1971,
aparece la segunda adaptación de Soy Leyenda al cine, estrenada bajo el título
The omega man y traducida como La última
esperanza, dirigida por Boris sagal y protagonizada por Charlton Heston. La
pandemia es desatada, en esta versión, por ataques bacteriológicos provocados
por una guerra entre China y la Unión Soviética. En estos primeros setentas,
con el fantasma de las guerrillas urbanas, no solo ha sobrevivido un hombre,
que si en la primera adaptación era científico ahora además es militar, sino también
unos individuos que se llaman a sí mismos La familia, y que la enfermedad les
causó una extraña fotosensibilidad.
El único hombre vivo, había preparado a tiempo
una vacuna que se inyectó y le salvó de la muerte y con ella logra salvar a los
más jóvenes. No sin antes lidiar con los infectados que quieren acabar con todo
aquello relacionado con la ciencia y la tecnología. Aquí, la industria
hollywoodense metió los temores para venderlos en la lata económica de películas clase B. con un
final burdamente épico y redencioncita.
En el 2007,
llega un éxito de taquilla con la última adaptación de Soy Leyenda a la
pantalla grande. Esta vez, será Will Smith quién encarnará al último hombre
vivo, un médico especialista en virus del Ejército de Estados Unidos, que sobrelleva su soledad con rutinas de higiene y
salud personal, alejándose así de un
Vincent Price fumador o el Charlton Heston bebedor y agrio. En esta versión, la
causa de la muerte de la humanidad es la mutación de un virus modificado
genéticamente para la curación del Cancer. El personaje, que buscará incasablemente
trasmitir su inmunidad es acechado por los vampiros mutados a zombis, que no
son más que simbología de una humanidad errante y peligrosa.
Las versiones
fílmicas alivianan la angustia de la obra literaria con la salvación de la
humanidad y su tinte redencionista. Cada
una está marcada a fuego por el contexto político y todas, con mucha o poca producción, con más o
menos alegorías directas, dejan traslucir la
crisis en la fe del progreso que comenzó con la segunda Guerra Mundial. Dan,
así también, un aviso sobre la finitud
de la vida que no siempre queremos ver y las catástrofes que podrían avecinarse.
Las ciudades,
hoy, con sus calles vacías nos llevan un poco al mundo post apocalíptico ideado por Matheson y nada sabemos cómo eran
esas comunidades ficcionales que resurgían de las ruinas. El futuro, mal que
nos pese, ha sido siempre imprevisible. Es momento, quizás, de dejar de esperar a que un único hombre, redentor y héroe, muera para salvarnos y en solitario nos ampare de las catástrofes.
Más sensato es sospechar de los mitos que sustentan las estrellas
hollywoodenses del cine y que cuando la industria cinematográfica se apodera de
un tema para explotarlo comercialmente es porque eso ya está en circulación,
alimentando lo imaginario y lo real.